LA REVOLUCIÓN DE LAS COMPETENCIAS: FREENETIKS Y EL FREESTYLE – El Estilo Libre

LA REVOLUCIÓN DE LAS COMPETENCIAS: FREENETIKS Y EL FREESTYLE

09/04/2017

Nota editorial

La revolución de las competencias: Freenetiks y el freestyle

El sistema de eventos está empezando a sentirse obsoleto. La competencia es solo uno de las tantas ramas que puede tener el freestyle. Freenetiks ha llegado para empezar su cambio.

Freenetiks ha llegado y ha pegado fuerte. La revolución del sistema de competencias es un paso obligatorio. Chuty, Skone e Invert han conseguido demostrar que la magia de las batallas no es siempre atacar al oponente, sino también la increíble habilidad que puede tener una persona para improvisar desde la nada para retumbar y penetrar en los oyentes, expectantes. Estos han conseguido convertir en show de alto contenido algo que con el auge se estaba marginando. El Cypher (como se conoce desde el inicio de la cultura al momento en el que uno o varios Mc’s se reunían para improvisar sobre un beat) siempre ha sido una de las bases del Hip Hop, y ahora con la repercusión necesaria puede llegar a un nuevo nivel, puede llegar a ser un espectáculo que atraiga a mucho público.

¿Quién habría imaginado hace unos años que más de 20.000 asistirían a una final internacional de la RedBull? El fenómeno freestyle está atrayendo a cientos de consumidores cada día. El crecimiento exponencial que estamos observando está posibilitando la apertura de la cultura a niveles antes insospechados, con sus pros y sus contras, y esto puede favorecer a que se evolucione a escenarios que se estaban dejando de lado. Los espectáculos de freestyle puro, regidos por lo impresivo del arte de la improvisación, en los que solo se intentar deleitar al público con la habilidad de estilo libre puro, son el primer paso de este desarrollo.

Shows como los de Freenetiks, freestyles como los de Kódigo o como los que se han visto en  eventos de organizaciones como Achorap, han sido capaces de llamar la atención del público sin la necesidad de humillar al rival, y esto hace creer en la posibilidad de que los eventos de free puedan encontrar su hueco en el panorama. Es cierto que antaño se han celebrado competiciones de pura improvisación, pero ni han tenido la repercusión que se está empezando a tener, ni pretendían ser entendidos como espectáculos regulares sin competitividad, además de entenderse por fuera del circuito del marketing-batalla.

Los casos mencionados anteriormente, y muchos otros que se han quedado en el tintero, pueden llegar a ampliar aún más si cabe la variedad del mundo del freestyle. Los límites de la improvisación, no solo como proceso mental sino como espectáculo interactivo, se difuminan en el horizonte. Hoy, en el auge de la competencia, las batallas son las que llenan salas. Mañana, con la disciplina asentada como deporte mental, las variantes son infinitas. Desde freenetiks hasta conciertos, desde los medios hasta el transporte público.

Tanto al consumidor promedio de antaño como al nuevo le gusta ver cómo el ingenio de una persona destroza moralmente a la otra punch tras punch, golpe tras golpe, contestación tras contestación. Pero la esencia de esto no deja de ser la habilidad improvisar, sacar de la nada una frase, de transformar adrenalina en narrativa e identidades en transmisiones. Esto es lo realmente increíble del freestyle, y desde El Estilo Libre sostenemos que cosas como las que están haciendo Freenetiks (entre muchos otros) pueden hacer más grande esta escena, ayudando a crear nuevos caminos de profesionalización para los Mc’s, y favoreciendo que las carreras de los freestyler sean más longevas. En la variedad se amplía la oportunidad, y la modalidad competencia si bien todavía queda por explotar, el freestyle como proceso mental tiene muchísimas mas variantes inexploradas.

El proceso mental del estilo libre no tiene techo. El free puede contar historias. El free puede opinar, transmitir, sentir e incluso analizar. Entenderlo como una disciplina lingüístico-deportiva transfiere, de inmediato, su actualidad en potencial. Encerrarlo en competencias es limitar su carácter artístico, su esencia. La renovación es el próximo paso para evitar un estancamiento posible, mientras que el antiguo sistema de competencias empieza a quedar obsoletos.

Nota editorial por: Álvaro Moreno y Juan L.

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